Consecuencias del confinamiento en niños: ¿Cómo se ha visto afectado su desarrollo emocional y social?

Las largas cuarentenas impuestas y la falta de socialización pueden ocasionar síntomas de ansiedad, dificultad para el aprendizaje y miedos en los más pequeños de la casa.  En este informe, ahondamos en las consecuencias de la falta de clases presenciales y los confinamientos en el desarrollo social de los niños.

La pandemia de la COVID-19 cambió las rutinas de todos. El teletrabajo se volvió común y, ante el cierre de las escuelas, los más pequeños de la casa se vieron confinados junto a sus padres y otros familiares. Desde el hogar continuaron con su educación, pero de manera virtual, sin embargo, esta se caracterizó por estar llena de retos y nuevas dificultades para ellos.

Esto significa que los más pequeños de la casa dejaron de poner en práctica sus habilidades de socialización con sus compañeros y, además, pusieron de lado otras actividades que solían ser parte de su día a día, como el deporte y las caminatas. En este informe, conversamos con especialistas que detallarán las principales dificultades de ese proceso, así como las consecuencias de un largo confinamiento.

La psicóloga clínica y educacional Rachel Watson explica que el estar alejados de sus escuelas y de la presencialidad debido a la pandemia de la COVID-19 ha tenido varias consecuencias en los niños y en las niñas. Los niños de cinco a seis años en adelante son quienes necesitan más interacción presencial con sus compañeros, algo que no han tenido en absoluto durante las cuarentenas impuestas.

«Al estar confinados durante tantos meses, los pequeños no han podido desarrollarse como corresponde a través del juego: Por ejemplo, el juego psicomotor grueso es muy importante para el desarrollo físico y el crecimiento, y también para la salud mental de los niños y niñas y este tipo de juego ha sido limitado en esta temporada. Es preocupante ver cómo han aumentado Esto ha tenido como consecuencia que niños pequeños presenten síntomas de ansiedad y depresión”, comenta Rachel Watson, también columnista de RPP.

Para el psicólogo clínico, columnista de RPP y editor científico de Cerebrum Latam, Sebastián Velásquez, las consecuencias del confinamiento en los más pequeños se pueden enmarcar en diferentes dominios. Uno de ellos, explica, es la disminución del ejercicio.

“El sedentarismo puede incrementar el nivel de estrés en niñas y niños, puesto que además de ser una actividad que les sirve para mantener el buen funcionamiento de su cuerpo, provoca la segregación de algunos químicos cerebrales”, asegura.

Este sedentarismo, agrega, puede generar una mayor propensión hacia la desregulación emocional; es decir, hacia la dificultad para regular la intensidad de las emociones y los impulsos de los más pequeños. Ello, precisa, puede ocasionar problemas en el área cognitiva y en el aprendizaje.

“Una menor regulación emocional conduce también a que los infantes no busquen relacionarse de forma efectiva y menos aún deseen ayudar o velar por los demás, capacidades pro sociales de gran importancia en una sociedad”, menciona.

Además, se sabe que el estrés impacta en los centros de aprendizaje en el cerebro, pero no solo eso: una menor regulación emocional conduce también a que los infantes no busquen relacionarse de forma efectiva. Claro está, que a todo ello se le suma la situación de cuarentena y de enfermedad. La incertidumbre, los cambios repentinos. Estas condiciones alteran en mayor o en menor medida el desarrollo habitual de los niños y las niñas.

Por otro lado, la psicóloga clínica Maribel Briceño explica que la educación virtual ha jugado un rol en cuán motivados se encuentran los más pequeños. «Definitivamente, la educación virtual para niños de primera infancia, y primeros años de primaria no funciona, es decir, los agota, los aburre, y mayormente, les disminuye el interés por aprender, salvo los casos que puedan contar con un adulto que asesore todos los días durante las clases, y además los motive a continuar sin esperanza de que ello cambie en el mediano plazo«, explica.

¿QUÉ HA SUCEDIDO CON SUS HABILIDADES DE SOCIALIZACIÓN?

Durante el tiempo que pasaron confinados, los niños y niñas dejaron de ejercitar habilidades sociales cotidianas, que tienen que ver con la interacción con los demás niños. Estas habilidades, explica Watson, implica desde saludar, conversar, ponerse de acuerdo, jugar o dirigir (en el caso de aquellos que son líderes).

El gran reto para los niños y niñas, cuando vuelvan a la presencialidad, será el poder volver a conectarse y ejercitar esas habilidades sociales que pueden haber perdido durante el confinamiento. Hay que volver a ejercitarlos, explica.

«Por otro lado, también será necesario trabajar con ellos habilidades de autorregulación, ya que los niños han experimentado la falta de contacto social en algunos niños y niñas puede traducirse en la pérdida de la capacidad para regular sus impulsos cuando estén en contacto con otros chicos. Hasta ahora, los niños han permanecido en un entorno en el que han interactuado más con su familia y han estado regulados por las normas de la casa; tendrán que adaptarse nuevamente a las normas de la escuela y de la convivencia
social cuando reingresen a sus aulas», agrega.

De acuerdo con Sebastián Velásquez, la falta de socialización puede ocasionar que los niños pierdan normas básicas de convivencia, pauta de interacción y comportamientos altruistas deseados.

» Existen niños que, tanto por su predisposición genética, como por los estímulos de su propio entorno, se les dificulta socializar y aún les supone un reto, por ello podrían ver reducida su autoeficacia en términos de habilidades sociales”, precisa.

En esta etapa entra a tallar el rol del Estado y los privados en atender las dificultades que tengan para socializar, los miedos que puedan presentarse y los síntomas de ansiedad que probablemente aparezcan en un gran grupo.

Los chicos presentan cuadros de trastornos afectivos, y en otros casos, adicciones, y brotes psicóticos que se iniciaron hace mucho, y este 2021 viene opacado por la desesperanza con padres desesperados, y chicos privados de educación, y libertad. Hay muchos niños que no recibieron educación el 2020, y hay muchos que desertaron, sostiene la psicoterapeuta y psicóloga clínica Maribel Briceño.

Muchos niños han visto su rutina cambiar por la pandemia de la COVID-19, han estado expuestos a casos de duelo el caso de tener familiares o amigos fallecidos, y en el caso de estar rodeados por otros factores de estrés que no les permite tener un ambiente saludable”, sostiene Catia Chávez Benavides, máster en salud pública de la Universidad de Colorado, Denver.

Rachel Watson explica que, en el plano emocional y conductual, los niños podrán experimentar impulsividad, problemas para seguir indicaciones, y hasta una actitud desafiante. Esto dependerá de la predisposición genética y de la influencia del entorno de cada niño.

¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES Y EL ENTORNO DEL NIÑO?

Tanto Watson como Velásquez coinciden en que el apoyo de los padres desde casa será fundamental para que el niño afronte la falta de socialización y una eventual resocialización con sus compañeros. Lo primero es, por supuesto, conversar con los pequeños, explicarles qué es la COVID-19, qué situación se está viviendo y el por qué se encuentran confinados.

La comunicación en la crianza siempre es clave, pero me refiero a la comunicación sincera y comprensible, que tome en cuenta el nivel de entendimiento y la sensibilidad de cada niña o niño. Esa conversación también debe ir en torno a las expectativas, a los pensamientos, los deseos y las emociones que este particular contexto les genera a las niñas y los niños, para que se puedan sentir contenidos emocionalmente y escuchados por sus padres, dice Velásquez y explica que este tipo de conversaciones y soportes reducen el nivel de estrés en los infantes, ya que incorporan la pertenencia a un grupo de sostén empático.

De acuerdo con el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, CDC, hay ciertas guías para ayudar a los padres de familia y guardianes para afrontar la falta de socialización, como consideraciones sobre la salud mental y el bienestar socioemocional. Catia Chávez sugiere una serie de pautas a seguir.

  • Prevea cambios en el comportamiento de su hijo. Esté atento a cambios como llanto o irritabilidad excesivos, preocupación o tristeza excesivas, hábitos de alimentación o de sueño poco saludables, dificultad para concentrarse, los cuales pueden ser signos de que su hijo posiblemente tenga estrés y ansiedad.
  • Trate de asistir a las actividades y las reuniones escolares. Es posible que la escuela ofrezca más de ellas virtualmente. Como padre, o madre, mantenerse informado y conectado puede reducir la ansiedad y ofrecerle una forma de expresar las preocupaciones que podría tener sobre la escuela de su hijo.
  • Usted puede ser un ejemplo para su niño al practicar el autocuidado: Tome descansos, duerma lo suficiente, haga ejercicio, aliméntese bien y manténgase conectado socialmente.
  • Anticipar cambios de comportamiento en los niños, ver si lloran mucho, o se irritan con más frecuencia, o se preocupan demasiado o están tristes, o cambios a la hora de comer, dificultad para concentrarse, ya que esos síntomas pueden ser señal de ansiedad y estrés.
  • Trata de asistir a eventos en las escuelas de manera remota, para poder estar en contacto con recursos que pueda ofrecer la escuela para apoyarlos mentalmente.
  • Preguntar si la escuela tiene un sistema para identificar y proveer servicios mentales a los estudiantes que lo necesitan. Por ejemplo, el contacto de una persona o un coordinador/a, con los teléfono o correo electrónico.

Fuente: RPP Noticias

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